TAKHMAO: EL GRAN ABUELO NEGRO

Cuando uno va a ver al gran abuelo negro —Takhmao significa “el gran abuelo negro” en camboyano— después de haber visitado todos los demás subprogramas del Programa de Continuidad Escolar, podría esperar haber agotado ya su capacidad de sorpresa. Pero no es así.  Después de cinco semanas aquí, en Camboya, aún es posible sorprenderse, enamorarse, una vez más, con un subprograma. Takhmao está localizado en uno de los centros PSE más bonitos de todo el programa, pero, además, a dos días de acabar el Programa de Continuidad Escolar, después de cinco semanas absolutamente agotadoras, la energía de los monitores, en lugar de disminuir, sigue creciendo. En el minuto último del programa, el alma misma de cada persona que ha participado en el programa está ahí, con cada niño.

EL GRAN ABUELO NEGRO

El subprograma de Takhmao está localizado en el Centro de Servicios Comunitarios en Preak ho, un vecindario de la provincia de Phnom Penh, a cuarenta y cinco minutos en coche del Centro PSE —una carretera en proceso de construcción, que ha obligado a desalojar a muchas familias de sus casas, conduce hasta allí—. El Centro de Servicios Comunitarios de Takhmao es un proyecto que desde hace dos años llevan conjuntamente PSE y la ONG Small Step Project y cuyo fin último es ayudar a la población de Preak Ho: los niños de Takhmao, como en otros subprogramas, trabajan buscando desechos para ser reciclados durante una gran parte de su tiempo.

Aquí, en Takhmao, PSE está trabajando con la ONG Small Step Project para ayudar a los niños del vecindario

“Me quedo con el primer día: es impactante llegar aquí por primera vez y sentir el abrazo de los niños que te están esperando. No te conocen de nada, pero te están esperando”.

TAKHMAO: UN REGALO

El centro de Takhmao es un regalo: un regalo para la vista, porque es un lugar luminoso, amplio, verde y lleno de alegría, con una zona de arena y columpios cubierta con un gran toldo verde, un enorme patio techado para hacer todo tipo de actividades, un pequeño huerto donde crecen los mangos y un edificio, lleno de guirnaldas de flores colgando por todas partes, dividido con la ayuda de unos estantes en dos pequeños espacios; incluso la valla que rodea Takhmao destila alegría: este año, los niños han decorado un frente entero como si fuese un océano.

Takhmao tiene un arenero y una zona de columpios, cubiertos con una gran lona verde, donde los niños juegan todos juntos.

Pero también, es un regalo para el corazón, porque en Takhmao la vida transcurre sola y fácil, como si las normas no existiesen, como si solo pudiera ser así: divertida, vital, bella, relajada. En Takhmao no parece haber horarios ni prisas, pero inexplicablemente, todo sucede cuando tiene que suceder. La mirada se queda fija en la risa de los niños y de los monitores que bailan encantados en el porche y de repente, cuando uno se quiere dar cuenta, ya han sucedido las duchas. Y los desayunos. Y… todo.

En Takhmao, los niños y los monitores bailan en el porche, a cualquier hora del día,, como si estuviesen en la mejor fiesta imaginable.

Sí: algo inexplicable sucede aquí. “Las dos primeras semanas son duras, uno se siente un poco perdido, no da abasto,” dice Pati, una monitora “pero de repente un día, el subprograma parece que funciona solo y todo se hace alegría y la relación con los niños se vuelve cada vez más estrecha. “

Intentando meditar…Dame la mano, te ayudo!. La relación entre los niños y los monitores es cada día más cálida.

“No quiero monitores franceses, ni monitores españoles, ni monitores camboyanos. Quiero, monitores, solo monitores, sin coletillas”.

“Aun así, me quedo con el primer día” dice Pati , “es impactante llegar aquí por primera vez y sentir el abrazo de los niños que te están esperando. No te conocen de nada, pero te están esperando.”

Takhmao es un lugar donde los niños ríen felices, despreocupados. Incluso Rien Sabin, un  niño con una acentuada disfunción motora en sus piernas que no le impide jugar a los juegos de todos. O Chea Pea, que presenta malformaciones por todo el cuerpo, pero baila como si fuese la versión camboyana de Fred Astaire.

Takhmao es un lugar donde los niños ríen felices, despreocupados

CAMBIAR PAPELES

La mañana, aquí, empieza de esa forma. Fluyendo, llena de risa. Cuando llega la furgoneta de los monitores — siete camboyanos y siete europeos que no han parado de cantar ni un minuto durante los cuarenta y cinco minutos de viaje, y son las seis de la mañana— ya hay niños dentro del centro que vienen corriendo a recibirles.

Por la mañana, los niños están siempre esperanto el camión de los monitores detrás de la verja!

Los demás llegarán un poco más tarde: la furgoneta en la que han venido los monitores tiene que ir a buscarles. Hay apenas seis kilómetros de distancia entre las casas de los niños y el centro PSE, pero la carretera es tan mala que se tarda una hora y media en ir a por ellos y volver.

Cuando lleguen, habrá entre ochenta y cien niños en el centro. Luego, a mediodía, algunos se irán —unos cincuenta permanecen todo el día— y llegarán los del segundo turno; en total, durante la tarde, habrá entre ciento sesenta y doscientos treinta niños. En casi todos los centros es así: en el turno de mañana normalmente vienen los más pequeños y al turno de tarde acuden muchos más niños que además son más mayores, son niños que van al colegio por la mañana.

“El tiempo pasa demasiado deprisa, yo firmaba por seguir aquí dos semanas más”.

Hoy es un día especial en Takhmao porque los monitores camboyanos y los europeos han cambiado sus papeles: hoy, los monitores camboyanos organizan las actividades y los europeos coordinan a los grupos de niños para que pasen por las actividades. “Algunos juegos camboyanos son muy divertidos” dice un monitor europeo. “Gestionar a los niños para que vayan de una actividad a otra no es fácil” dice otro. No hay nada como ponerse en la piel de los demás para apreciar su labor.

Hoy, los encargados de las actividades son los monitores camboyanos!

EL RETO DE APOLLINE

“Mi objetivo principal este año era formar un equipo unido” dice Apolline, una de las coordinadoras francesas del programa, junto con Constance, de Prek Toal. “La primera vez que vine a Camboya toda mi atención estuvo en los niños y me resultó una experiencia tan tremenda que lo que quería ahora, al volver, era que las personas que viniesen conmigo sintieran lo mismo, quería compartir con ellas esta experiencia única.

Appoline, la coordinadora de Takhmao. Su objetivo era crear un equipo único,, sin diferencias entre monitores españoles, franceses o camboyanos. Y…¡lo ha conseguido!

Por eso, no quiero monitores franceses, ni monitores españoles, ni monitores camboyanos.” continúa Apolline “Quiero, monitores, solo monitores, sin coletillas. No quiero equipos, quiero un equipo, un solo equipo tan unido que funcione como una sola persona: ése es mi reto de este año”.

El Programa de Continuidad Escolar es como un gran concierto lleno de belleza desde la primera nota y que, aun así, todavía es capaz de crecer y regalar su mejor melodía al final, una melodía con un mensaje que suena alto, más alto que nunca, bello, tremendamente bello, y rotundo: ESTAMOS AQUÍ PARA VOSOTROS.

Marcarse objetivos es el primer paso en la vida para llegar a alguna parte, no es posible caminar si no es para correr hacia algún sueño, pero, a veces, cumplirlos es complicado. Y unir a franceses, españoles y camboyanos es complicado. Es complicado porque hay barreras del idioma y diferencias culturales que son difíciles de saltar y requieren el empeño de todos para saltarlas. A un día de acabar el programa, cuando ya casi todo está cumplido, es difícil adivinar qué ha hecho Apolline para cumplir su meta, pero de lo que no cabe ninguna duda es que la ha cumplido: bastaba ir hoy en la furgoneta, donde iban todos los monitores cantando para saber que son un solo equipo.

Los monitors españoles, franceses y camboyanos lo pasan genial todos juntos!

Bastaba verles durante los juegos para entender que no hay barreras entre ellos. Aquí, en Takhmao, hay un solo equipo, grande, fuerte.

EL BOLERO DE RAVEL

Y no solo eso: aquí hoy la alegría alcanza cotas máximas y es totalmente contagiosa. ¡Cada día que pasa la energía, lejos de agotarse, crece! Resulta difícil entender de dónde sale tanta alegría, en qué lugar interior rebusca cada monitor para encontrar tanta fuerza después de casi cinco semanas de estar aquí, dando cada uno lo mejor de sí mismo. “El tiempo pasa demasiado deprisa” se lamenta un monitor, “yo firmaba por seguir aquí dos semanas más.” ¡Dos semanas más!

Es increible descubrir cómo, a medida que pasan los días, la energía de los monitores, crece.

A lo largo de todo el Programa de Continuidad Escolar, uno tiene la sensación de haber estado asistiendo a un gran concierto lleno de belleza desde la primera nota y que, aun así, todavía es capaz de crecer y regalar su mejor melodía al final, una melodía con un mensaje que suena alto, más alto que nunca, bello, tremendamente bello, y rotundo: ESTAMOS AQUÍ PARA VOSOTROS.