CONSTRUCCIÓN: EL DERECHO A UNA VIVIENDA DIGNA

El subprograma de Construcción es el bicho raro del Programa de Continuidad Escolar: aunque orientado, como todos los demás subprogramas, a los niños, su objetivo, contenido y funcionamiento no tienen nada que ver con el resto. El objetivo aquí no es mantener a los niños apartados de los vertederos y en un entorno seguro durante las vacaciones de verano, sino proporcionarles, en la medida de lo posible, una vivienda digna.

EL SUBPROGRAMA DE CONSTRUCCIÓN: UN BICHO RARO

El subprograma de Construcción es el bicho raro del Programa de Continuidad, porque, a diferencia de los restantes subprogramas, se creó con la idea de colaborar con los Servicios Sociales de PSE en la reconstrucción de viviendas en las zonas más marginales de Phnom Penh, nada que ver con los juegos y actividades que constituyen el día a día de los otros subprogramas. Además, este subprograma no cuenta con un coordinador permanente: David, uno de los supervisores del Programa de Continuidad Escolar, se encarga directamente de coordinar este subprograma.

David, el coordinador del subprograma de Construcción, con uno de sus equipos.

Tampoco cuenta con un equipo de monitores estable: el equipo se nutre de monitores de otros subprogramas que voluntariamente quieren dedicar una semana a esta tarea, ayudados, de forma permanente, por un trabajador de la construcción —o varios dependiendo de la envergadura de la obra—, a los que se unen, siempre, vecinos o personas cercanas a las familias afectadas que quieren colaborar en la restauración. Nada de este funcionamiento atípico es un problema, porque detrás de este subprograma está totalmente presente el Departamento de Servicios Sociales de PSE.

El subprograma de Construcción no cuenta con un equipo estable como lo tienen los demás subprogramas. Este equipo es nuevo cada semana

DE LA MANO DEL DEPARTAMENTO DE SERVICIOS SOCIALES DE PSE

Efectivamente, antes de que el Programa de Continuidad Escolar se inicie, el Departamento de Servicios Sociales de PSE selecciona, en el ámbito de las tareas que le son propias, —y en particular, en el ámbito de las actuaciones destinadas a cubrir necesidades urgentes de las familias— cuatro viviendas que necesiten ser restauradas, para incorporarlas al subprograma de Construcción del Programa de Continuidad Escolar. El objetivo es restaurar, cada una de las semanas que dura el Programa, una vivienda. El presupuesto a dedicar a cada vivienda también es decidido por el Departamento de Servicios Sociales, si bien es asumido por PSE España como parte del coste del Programa de Continuidad Escolar. Qué material comprar —generalmente tablas de madera, pilares de bambú, clavos y tejas onduladas de metal— y a qué proveedor, es un tema que también es resuelto por los Servicios Sociales antes del inicio del Programa.

“Al principio, creíamos que la casa de al lado, donde comemos y descansamos después de comer era otra habitación de la casa, no podíamos imaginar que la casa fuese sólo esto”. 

Una semana antes de la llegada de los monitores —durante la semana de coordinadores—, David acompaña a Servicios Sociales a ver a las familias cuya vivienda se va a restaurar y a cerrar la compra de materiales. Después, cuando la obra de cada semana empiece, los Servicios Sociales acudirán a supervisar la marcha de las mismas dos veces durante la semana, habitualmente los lunes y los martes.

LAS CASAS DEL PROGRAMA

En el Programa de este año, de las viviendas a restaurar, dos estaban en Sen Sok, una en Steung Meanchey —un barrio de Phnom Penh—, y otra en Phum Russei. Todas ellas, con la excepción de la casa de Phum Russei son de madera.

Una casa para restaurar: ocupa tres metros cuadrados, sin ventanas.

“La de Phum Russei era pequeña,” dice David, “pero era mejor casa, porque era de cemento y ladrillo. Tenía una solidez que no tienen las otras.”

“Lo más increíble es cómo nos tratan, nos traen agua potable, nos invitan a comer de su comida y hasta nos ofrecen una almohada cuando descansamos después de comer.”

Esta semana, que se está restaurando la casa de Steung Meanchey —un barrio marginal al que se puede llegar andando desde el centro PSE— el equipo está integrado por cinco monitores europeos y un trabajador de la construcción.

El equipo de Construcción ha tenido que desmontar prácticamente todo ayudado por un trabajador de la construcción y un vecino.

Además, un hombre grande, amigo de la familia, está participando en las obras. “Aquí viven tres familias,” dice David, “un total de diez personas”. “Aquí”, es un espacio de tres metros cuadrados. Las casas de este pequeño barrio, son todas de madera, con un solo habitáculo que sirve para dormir, cocinar y comer —el retrete está en un espacio diminuto, aparte, fuera de la casa—, la casa es un espacio donde apenas caben las personas entre las tarimas camboyanas, la ropa, la comida y un sinfín de cosas viejas y basuras almacenadas por todos los rincones.

AGUA EMBOTELLADA

“Al principio,” dice un monitor, “creíamos que la casa de al lado, donde comemos y descansamos después de comer era otra habitación de la casa, no podíamos imaginar que la casa fuese sólo esto”.  Las casas son un cuadrado sin luz natural —no hay ventanas—, ni artificial —tampoco hay conexión eléctrica— con una única tubería que suministra agua no potable. Las casas están pegadas unas a otras y conectadas por estrechos pasillos donde se acumula todo lo que no cabe en ellas. Están todas pilotadas sobre aguas estancadas y restos de basura, con un olor nauseabundo que se cuela por todos los rincones.

Las casas están construidas sobre aguas estancadas y montañas de basura que desprenden un olor nauseabundo por todos los rincones.

En la casa de Steung Meanchey los tablones del suelo estaban podridos y hundidos peligrosamente por algunos sitios y los techos de uralita, llenos de agujeros, tapados con plásticos de colores —restos de carteles publicitarios que anuncian agua embotellada— para evitar que se inunde la casa con las lluvias. Ha habido que vaciar la casa de todas sus cosas y arrancarlo todo: los tablones del suelo, las tejas de uralita del techo, las paredes, hasta dejar sólo la estructura más básica: cuatro vigas de madera que permiten ver el agua estancada sobre la que vive la casa.

“Seguimos arrancando clavos oxidados de las maderas antiguas, parece una tontería, pero lo cierto es que, cuando llevas ya dos horas, estás sudando la gota gorda.”

En la casa de Steung Meanchey hay sobre todo mujeres y niños, apenas hay figuras paternas. Una mujer da el pecho a un bebe, sentada en el pasillo, mientras aguarda a poder ocupar de nuevo su casa. Una abuela mece en una hamaca camboyana, también en el pasillo, a otro bebe. Una niña, con tiña, saluda y sonríe a todo el que llega. Hay tantas mujeres y niños a la entrada de la casa que no parece posible llegar a ella. “Lo más increíble es cómo nos tratan”, dice Vicky, una monitora, “nos traen agua potable, nos invitan a comer de su comida y hasta nos ofrecen una almohada cuando descansamos después de comer.”

las familias están tan agradecidas por la yuca que reciben que tratan de cuidar a los equipos lo más posible compartiendo con los monitores lo poco que tienen

Vicky es la única chica de este grupo. “Se parten de risa cuando me ven trabajar, una mujer trabajando aquí no entra en su cabeza,” dice riéndose “pero me dejan hacer de todo.”

Una mujer en el equipo de construcción es algo inaudito en la sociedad camboyana. No están acostumbrados!

“No eres capaz de entender nada hasta que no ves sus casas, hasta que no ves cómo viven. Es terrible.”

RECONSTRUIR

Reconstruir una casa como ésta no es difícil, no es una obra complicada porque son casas muy básicas, pero sí es una labor agotadora en un entorno además complicado: con un calor sofocante, sin grandes medios y haciendo equilibrios sobre una estructura de madera que descansa encima de aguas estancadas. Andrea, otro monitor del equipo, ha ido tomando notas de los trabajos que han hecho esta semana:

“Seguimos quitando clavos de los troncos del suelo y empezamos a tirar el tejado y paredes con una técnica muy fina y profesional: a base de golpear con toda la fuerza que tengas.”

“Seguimos arrancando clavos oxidados de las maderas antiguas, parece una tontería, pero lo cierto es que, cuando llevas ya dos horas, estás sudando la gota gorda.”

El presupuesto es limitado, por lo que todos los materiales que puedan ser reutilizados son aprovechados. Los clavos , arrancados uno a uno de la madera, es uno de los materiales que se reutilizan.

“Empezamos a hacer la parte del suelo que nos queda de la misma manera que la otra, metemos pilares, los recortamos, ponemos maderos, los recortamos y clavamos las baldas encima.“

El equipo tiene que poner pilares, cortarlos, poner troncos, cortarlos, y luego clavar los tablones.

“Cogemos los pilares de cinco metros que hemos comprado esta mañana y, con ayuda de un hacha comenzamos a sacarle punta para que se claven en el suelo —formado por un río y montones de basura—. Si el pilar no se clava lo suficiente hay que saltar encima a modo de martillo pilón.”

Los pilares deben estar suficientemente anclados antes de seguir adelante.

AGUJEROS

“No eres capaz de entender nada hasta que no ves sus casas, hasta que no ves cómo viven” ha dicho Jacky, otro monitor, “es terrible verlo, y al mismo tiempo es emocionante el cariño y la gratitud con las que nos tratan”.

Al final de la semana, la casa estará terminada. Será una réplica de la anterior, pero nuevamente pilotada, con maderas nuevas —hasta donde ha dado el presupuesto—, y con un tejado sin agujeros.