DENTAL: LOS BUSCADORES DE SONRISAS

El subprograma Dental se incorporó al Programa de Continuidad Escolar cuando se descubrió que muchos niños no comían ni jugaban en los centros porque les dolía la boca. Hoy, Dental trata, en consulta, a cerca de setenta niños cada día y ha diseñado un programa de prevención y promoción de la salud oral que hace llegar a los niños de todos los diferentes subprogramas.

LOS BUSCADORES DE SONRISAS

El subprograma Dental fue incorporado hace ya unos años al Programa de Continuidad Escolar cuando se percibió que muchos de los niños de los diferentes centros no jugaban ni comían porque les dolía la boca.  El subprograma debía complementar la labor que la clínica dental de PSE realizaba durante todo el curso escolar con los estudiantes de PSE pero debía, además, atender a las necesidades de niños que acudían a los subprogramas y que, por no ser estudiantes de PSE, nunca habían recibido un tratamiento dental, muchos de ellos con las bocas llenas de caries y sin ninguna cultura de higiene bucal: la salud bucal es un tema pendiente en los niños que acuden al Programa de Continuidad Escolar.

Muchos niños no comen porque les duele la boca.

“No basta quitar las caries,” dice Rosana, la coordinadora de Dental, “lo importante es que aprendan a cuidarse la boca, a tener higiene y que entiendan qué hace daño a sus dientes y qué no”.

La salud oral es un tema pendiente en los niños camboyanos. La mayoría de ellos comen mucha azúcar y no reciben educación sobre higiene.

Por eso, lo que este subprograma persigue no es sólo tratar y resolver los problemas más urgentes sino, además, educar a los niños para que tengan una buena higiene y salud bucal: es la única vía para evitar grandes problemas en el futuro en la salud de los niños.

EL EQUIPO DE DENTAL

El equipo Dental está formado por cinco dentistas europeos voluntarios, un equipo de cuatro trabajadores camboyanos —conductor enfermero, coordinador, monitor y técnico—, y siete estudiantes camboyanos de odontología que colaboran a tiempo parcial, como voluntarios, y su trabajo abarca dos líneas de actuación: tratamiento y prevención.

“Tienen el umbral del dolor muy alto, cuando dicen que les duele la boca es que les duele mucho. Y, cuando les curamos, ni pestañean”. 

El equipo Dental visita cada centro para enseñar a los niños cómo deben cepillarse los dientes y ¡asegurarse de que usan pasta de dientes!

Cada una de ellas se lleva a cabo en todos los subprogramas. Una labor impresionante, si se tiene en cuenta el número de niños que hay entre todos los centros —más de tres mil—, que hace que sólo sea posible llegar a todos mediante una planificación perfecta del trabajo y la división del equipo Dental en dos grupos que van rotando: uno de ellos permanece en el centro de PSE y el otro va cada mañana a un subprograma localizado fuera de PSE; es la forma de multiplicar por dos el rendimiento de su trabajo.

Un equipo de dentistas permanece en Central en la clínica, mientras el otro visita un centro cada día.

“Cada mañana preguntamos a los niños de cada fila quiénes tienen dolor, ése es el criterio fundamental, tratar a los niños que lo están pasando mal”.

Además, la implicación de cada subprograma en la agenda de Dental es fundamental para que todo funcione. “Debemos mucho a los coordinadores de cada subprograma — dice Rosana— sin su colaboración cada vez que acudimos a un centro nada de esto sería posible”.

TRATAMIENTO

Son dos los tipos de tratamiento que se hacen a los niños que acuden al Programa de Continuidad Escolar: por un lado, se trata a los niños que tienen dolor o problemas urgentes visibles, por otro se hacen sellados de muelas a los niños que lo necesitan.  Dado el número de niños que acude cada día a los subprogramas y la imposibilidad de revisar la boca de todos, el equipo de dental, coincidiendo con el momento en el que los monitores pasan lista, hace cada mañana una selección de los casos más urgentes.

Los dentistas caminan entre las filas cada mañana para examinar la boca de los niños y determinar qué niños necesitan tratamiento.

“Cada mañana preguntamos a los niños de cada fila quiénes tienen dolor “ dice Rosana “ése es el criterio fundamental, tratar a los niños que lo están pasando mal” y añade, “a veces, incluso antes de llegar a una fila vienen niños pidiendo que les veamos porque tienen dolor, nos reconocen porque llevamos pintadas en las camisetas una muela gigante”.

Los dentistas toman notas de los niños que han seleccionado y planifican la visita con sus monitores.

“Es fundamental que adquieran el hábito del cepillado, de otro modo, no habremos conseguido nada”.

“Tienen el umbral del dolor muy alto” señala después Rosana, “cuando dicen que les duele la boca es que les duele mucho. Y, cuando les curamos, ni pestañean”.

Además de los niños con dolor, también se seleccionan los niños en los que, en un sencillo reconocimiento, en la misma fila, se detectan problemas visibles, como infecciones. En total, se seleccionan unos sesenta niños diarios para tratar en clínica, que van acudiendo en grupos de cuatro a la consulta llevados por un monitor camboyano. El trabajo está perfectamente organizado: mientras dos niños son atendidos —hay dos sillones de dentista— otros dos esperan fuera con el monitor camboyano, que les explica, con un cuento que han preparado para esta finalidad, las desventuras de un gran cocodrilo que no cuidó sus dientes.

“Hay muchos que creen que el pollo es malo, porque se les quedan los huesos de pollo entre los dientes y les molestan, pero en cambio nunca se han planteado que el azúcar en exceso les pueda estropear los dientes”.

En el caso de las visitas a subprogramas ubicados fuera del centro PSE, la selección sigue el mismo proceso y la consulta se articula mediante una Unidad Móvil dotada de todo lo necesario para poder atender a los niños.

Algunos niños saben que no les dolerá más la boca después de la intervención, eso les da coraje.

Al final del día, habrán pasado por la consulta cerca de cuarenta niños en el centro PSE y otros tantos en el centro al que haya acudido el segundo equipo. “Además, contamos con la ayuda de espontáneos” dicen riendo los monitores “todos los días tenemos niños que vienen sólo para tranquilizar a sus amigos o para sujetarnos el espejo mientras les atendemos, ¡no nos faltan ayudas!”

Un niño voluntario sujeta la mano de una niña pequeña que estaba asustada durante la consulta. Al final no le ha dolido y sale sonriendo.

Cuando los niños atendidos son estudiantes de PSE, un trabajador camboyano incorpora los datos de la consulta a la ficha del alumno, para que el equipo Dental que permanece a lo largo del año tenga conocimiento del tratamiento realizado.

“Lo peor de este trabajo, es el miedo que nos tienen los niños. Somos un poco los malos del cuento”.

PREVENCIÓN

Es la segunda parte del contenido del programa del equipo Dental y se apoya en dos actividades:

La primera de ellas es repartir a diario y durante todo el programa cepillos y pasta de dientes a los niños y niñas a la entrada de las duchas. Esta labor se hace en todos los centros y en todos los turnos. “Es fundamental que adquieran el hábito del cepillado “ dicen los monitores “si no, no habremos conseguido nada”.

Todos los niños reciben cepillos de dientes durante el programa para coger el hábito de lavarse los dientes diariamente.

La segunda actividad consiste en dar sesiones de prevención y promoción de la salud oral en las que el objetivo es explicar a los niños, en primer lugar, la técnica del cepillado y su frecuencia y, en segundo lugar, los hábitos alimenticios más saludables para que los niños aprendan a identificar qué alimentos son perjudiciales para su boca y cuáles no. “Hay muchos que creen que el pollo es malo” dice Rosana riendo “porque se les quedan los huesos de pollo entre los dientes y les molestan, pero en cambio nunca se han planteado que el azúcar en exceso les pueda estropear los dientes”.

“Lo mejor, es cuando, pasados unos días del tratamiento, un niño viene por detrás y por sorpresa te abraza y cuando te vuelves te enseña sus dientes ya curados y sonríe. A veces, incluso, te señalan con el dedo un moflete donde están los dientes que has curado, y después el otro, donde están los dientes que quieren que hoy les mires. Ese momento, da sentido a todo nuestro trabajo.”

Las sesiones de prevención son habitualmente impartidas por los miembros camboyanos del equipo Dental, en grupos de veinte niños, utilizando grandes dibujos que han preparado para este fin o dentaduras gigantes con las que es fácil explicar cómo debe ser el cepillado, pero en realidad son bastante flexibles —hay centros en los que la sesión se convirtió en una pequeña y divertida obra de teatro, otros en los que la sesión se incorporó en el programa de actividades del día, como una actividad más, e incluso hay una especie de gymkana de cartas que ha inventado el equipo Dental para incorporar a los juegos de los centros, con alimentos buenos y malos, en la que los niños compiten a ver qué equipo es capaz de acumular más alimentos buenos. Lo importante es que el mensaje llegue a los niños.

LO PEOR Y LO MEJOR

“Lo peor de este trabajo” dicen los dentistas “es el miedo que nos tienen los niños. Somos un poco los malos del cuento.”

“No podemos ser blandos” dice Rosana, “a veces, cuando un niño llora porque tiene miedo le tranquilizamos, le achuchamos y le dejamos ir esperando que al día siguiente esté más colaborador, pero es un arma de doble filo” dice riéndose “porque luego los muy pillos dicen a sus amigos que lloren y que así les dejamos marchar sin hacerles nada”.

La mayoría de los niños tienen miedo del dentista y algunos preguntan si pueden hacerles sellados en lugar de extracciones antes incluso de que el dentista les haya revisado los dientes.

Cuando uno pasa por la consulta y observa un rato, ve a niños que esperan fuera, coloreando o escuchando el cuento del cocodrilo que perdió sus dientes. Dentro, un par de niños están sentados en sillas de dentista con los puños un poco apretados, pero aguantando con una dignidad asombrosa el mal rato. Cuando termina el tratamiento, los dentistas les aplauden y les dan palmadas en la espalda y les abrazan: no cabe más mimo en una consulta.

Los niños escuchan la historia del cocodrilo que perdió sus dientes mientras esperan a ser atendidos.

“Lo mejor es cuando, pasados unos días, un niño viene por detrás y por sorpresa te abraza y cuando te vuelves te enseña sus dientes ya curados y sonríe” dice emocionada Rosana “A veces incluso, te señalan con el dedo un moflete, donde están los dientes que has curado, y después el otro, donde te están los dientes que quieren que hoy les mires. Ese momento, da sentido a todo nuestro trabajo”.