PREK TOAL: AQUÍ, NACIÓ PSE

El Centro de Servicios Comunitarios de PSE en Prek Toal está lleno de manos estampadas, de dibujos, de palabras en jemer, cubriendo las paredes y los muros. Apenas hay un hueco libre. Cada mano, cada pintada es una historia. Hay cientos. Miles. Tantas como niños han pasado por allí a comer. Prek Toal es el primer centro que Christian y Marie-France des Pallières fundaron, hace más de veinte años para dar de comer a los niños del vertedero. El centro de Prek Toal es el símbolo de Lo Posible.

EL CENTRO

El centro de Prek Toal habla por sí solo. Incluso antes de que lleguen sus niños de ahora, antes de que suenen canciones y risas, habla. Hablan sus cientos de manos estampadas en los muros y sus pintadas dondequiera que uno mire. Sólo caber callar, en señal de respeto infinito, y escuchar. Hay tanto, aquí, entre estos cuatro muros viejos. Aquí cabe el dolor entero del mundo, de miles de infancias pérdidas. Hambre y miseria a puntapiés, a golpe de moscas y olor a podrido. Pero también cabe la risa. La risa limpia de miles y miles de niños que han pasado por aquí. Y la lucha a cucharones de arroz contra la miseria, uno a uno, por cada niño, por cada risa nueva. Una lucha seca, sin lágrimas. Cucharada a cucharada de arroz. Aquí, nació PSE.

Prek Toal CSC es el primer centro creado por PSE, cerca del antiguo vertedero. A pesar de que el antiguo vertedero está ya cerrado, el centro está rodeado de miseria.

Fuera, a escasos metros, recortado por las chabolas que crecieron alrededor, está el antiguo vertedero de Phnom Penh. Callado para siempre. Reemplazado por un nuevo vertedero más allá, mucho más allá, sólo queda una montaña donde el verde ha tapado toda la podredumbre y la tristeza del mundo. A sus bordes los niños juegan, como si nada.

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El centro de Prek Toal, está viejo, muy viejo, pero sigue siendo hermoso. Es un espacio amplio pero recogido, luminoso, con una sombra natural que dan los árboles que han crecido dentro, con los troncos pintados de colores, y adornado de buganvillas. Aún conserva las duchas, las mejores duchas de todos los centros, separadas para los niños y las niñas, y sus espacios cubiertos —hay cinco— pintados de colores alegres y estampados de manos infantiles. Aún suena a risa y a esperanza. Todo él sonando.

Cada una de sus paredes cuenta la historia de cientos de niños que han pasado por aquí.

Y cuando llegan por la mañana los monitores camboyanos y europeos es como si, aun viejo, se desperezase dispuesto a todo. Y en este centro, todo, empieza por algo diferente a los demás centros: un desayuno compartido de monitores camboyanos y europeos antes de que lleguen los niños. Una idea brillante de los monitores de este año. ¿Cabe mejor forma de empezar el día?

Los monitores europeos y camboyanos compartiendo el desayuno antes de empezar una jornada.

Para cuando llegan los niños, el centro de Prek Toal ya está al cien por cien: los monitores, camboyanos y europeos jalean a los niños con una canción detrás de otra, brincando entusiasmados entre ellos, como si fuesen los más niños.

Los monitores dan la bienvenida a los niños con canciones y aplausos cada mañana.

LOS NIÑOS DE PREK TOAL

Los niños que acuden al centro PSE de Prek Toal, entre ciento treinta y ciento cincuenta niños en el turno de mañana y más de ciento cincuenta en el turno de tarde proceden en su mayoría de poblados diferentes a Prek Toal. De hecho, de Prek Toal —de las chabolas de alrededor— sólo acuden entre veinte y veinticinco, caminando.

Dos turnos de más de cien niños llegan cada día a Prek Toal. Nunca son demasiados para un equipo de monitores absolutamente entusiasta.

El resto de los niños vienen de los colegios públicos Dom Bok Khpers, Tro Pheny Onchanh, Sorlá, Sorn Som Kosol y Phum Omperl. Son estudiantes cuya enseñanza está siendo soportada por PSE aun cuando se realiza a través de colegios públicos. La asignación de los niños procedentes de estas aldeas a los diferentes subprogramas del Programa de Continuidad Escolar está íntegramente a cargo del Departamento de Servicios Sociales de PSE que los recoge de estas aldeas y los distribuye semanalmente entre Prek Toal, Phum Russei y Central hasta agotar la capacidad de cada uno de estos tres centros, procurando que los niños roten con carácter semanal entre ellos. Sólo puntualmente, cuando sobra o falta capacidad en alguno de los centros, Servicios Sociales puede realizar movimientos excepcionales de niños, sin la periodicidad semanal.

Inventar los juegos de la feria, en realidad, inventar los juegos de la semana, es volver a la niñez más pura, donde, a falta de juguetes, todo puede ser un juguete. Aquí todo es posible.

AQUÍ NO HAY NADA AL AZAR

Ayudando a Servicios Sociales, todos los días hay en Prek Toal un miembro del Departamento de Educación de PSE, encargado de controlar el número de niños que finalmente acuden al centro y de proporcionar a Borith, el coordinador camboyano, una lista con los nombres de los niños, para que él verifique su asistencia. Después, esa lista será entregada a Servicios Sociales, que integrará la información recibida de los tres centros —Prek Toal, Phum Russei y Central— para verificar de forma exhaustiva el nivel de asistencia de cada niño a los programas. Es decir: detrás del aluvión de niños que acuden a estos tres centros diariamente —en total más de mil trescientos— hay un protocolo de actuación y de seguimiento en el que están implicados el Departamento de Servicios Sociales y el de Educación de PSE, en colaboración con los equipos del programa de Continuidad Escolar que, en el caso de Prek Toal, cuenta con ocho monitores europeos y ocho camboyanos. Aquí, no hay nada al azar.

FERIA: LOS INVENTORES DE JUGUETES

Hoy, en Prek Toal era día de Feria. Día de Feria, significa que cada monitor inventa una actividad, y cada niño, como si se tratase de puestos de feria, acude a cada puesto tantas veces como quiere. Ver hacer cola a los niños es muy divertido, porque se aprietan todos en torno al que hace la prueba en ese momento y le empujan, y verles superar la prueba de un puesto concreto es más divertido aún, porque miran para todos lados, y la mar de ufanos vuelven a la cola a repetir la hazaña, lo que en el fondo es un error, porque hay juegos muy difíciles y si a la segunda fallan entonces ya no se mueven de ahí, ¡un círculo vicioso!

Los niños se colocan alrededor del compañero que está jugando y le gritan y se ríen para animarle y celebrarlo si al final lo consigue.

Pero aquí, y en todas las actividades de todos los centros, hay además algo que pasa desapercibido y no debería: la imaginación de los monitores. Inventar los juegos de la feria, en realidad, inventar los juegos de la semana, es volver a la niñez más pura, donde, a falta de juguetes, todo puede ser un juguete. Aquí todo es posible. Basta un barreño, un krama y una pelota de baloncesto para hacer una cancha de baloncesto. Bastan dos ladrillos haciendo un túnel, dos palos marcando un camino, una escoba con un tazón en el extremo y una pelota de ping pong para hacer un minigolf.

El minigolf de Prek Toal

Vale un barreño lleno de agua con jabón, con veinte cucharas de plástico dentro y una de metal, para montar un pitote tremendo intentando encontrar, con los ojos cerrados, la cuchara de metal. Valen tres papeles grandes pegados en un muro y una pelota para montar una diana y provocar a los niños marcando la distancia de tiro cada vez más lejos. Es tan fácil jugar. Es tan fácil y tan divertido jugar partiendo de la nada.

A veces las celebraciones después de los juegos se convierten en un baño de burbujas

Después de la Feria han traído la comida —la comida aquí viene ya hecha, de Central—. Y mientras unos salen y otros entran la Feria vuelve a empezar.

El apetito crece con los juegos!

EL GIGANTE

Al final del día, Prek Toal se quedará en silencio hasta el día siguiente. Como un gran gigante dormido. Un gigante hecho de miles de voces que permanentemente estarán gritando, a todo el que las quiera escuchar por qué empezó todo, dónde, qué se rompió por dentro para que todo un mecanismo de destruir pobreza se pusiera en marcha. Prek Toal es un gigante capaz de traer a la memoria el vertedero, todos los vertederos, una y otra vez, para que no se pierda nunca el sentido de esta batalla.