KINDERGARDEN: DONDE NACE LA TERNURA

A primera hora de la mañana, las dos zonas en que queda dividido el complejo de PSE por una calle siempre transitada quedan, de repente, unidas. Las une un largo cordón de colores con un monitor en cada extremo y muchos niños diminutos, agarrados de la mano al cordón, que cruzan la calle para ir a la guardería. A ambos lados de esta extraña y divertida fila van otros monitores llevando a los más chiquitos en brazos. Son los grandes invitados de un nuevo subprograma de PSE: el Kindergarden.

DE ESTRENO

Kindergarden es un subprograma, en cierto sentido, nuevo; en cierto sentido, porque ha tenido precedentes: hace dos años, el departamento de Servicios Sociales de PSE solicitó al Programa de Continuidad Escolar que cuidase de los bebés de algunas familias PSE, de forma que las madres pudiesen acudir a su puesto de trabajo durante el verano sin tener que depender de ayuda extra para el cuidado de sus niños. El año pasado, a la vista de lo útil que estaba resultando esta ayuda, se organizó un subprograma cuyo fin era el cuidado de los bebés de más de dos años, pero, como sucede con otros subprogramas —el subprograma de construcción—, no contaba con un grupo de monitores estable, sino que éstos iban rotando de semana en semana, lo que limitaba las posibilidades de implantar ideas y establecer protocolos estables.

PSE también cuida de los bebés que son demasiado pequeños para participar en las actividades de Central  y que por ello permanecerían en casa, la finalidad es liberar a sus madres y facilitarles que puedan trabajar durante el verano.

“Es una enorme suerte estar aquí, frente a este nuevo reto: tengo la oportunidad de partir de cero, de inventarlo todo, de buscar soluciones a problemas concretos y diseñar, con la ayuda de todos, lo que me gustaría que fuese este mes para estos niños, estoy feliz.”

Así que puede que Kindergarden ya existiera de alguna forma antes, pero, desde luego, no con la fuerza y la solidez de este año, no con un grupo de monitores dedicados, íntegramente, durante todo el programa, a los más pequeños, ni con agendas tan bien planificadas, como ha sucedido este año.  Además, en este nuevo Kindergarden, se ha ampliado la edad mínima con respecto a la del año anterior; ahora van niños de meses, hasta los tres años, cuando antes solo podían asistir mayores de dos y se ha acogido a más bebés de familias PSE de la zona.

Este año, gracias a un equipo de monitores con una gran dedicación y motivación, el kinder ha podido cuidar cerca de cincuenta bebés.

Ha sido una gran idea: el año anterior se cuidó de quince bebés y este año hay cerca de cincuenta. Un éxito, teniendo en cuenta que el objetivo de este subprograma es doble: cuidar a los bebés —atendiendo sus necesidades básicas y jugando con ellos durante el día— y liberar a sus madres para que puedan trabajar.

CUANDO TODO ESTÁ POR INVENTAR

“Es una enorme suerte estar aquí,” dice Nana, su coordinadora “frente a este nuevo reto: tengo la oportunidad de partir de cero, de inventarlo todo, de buscar soluciones a problemas concretos y diseñar, con la ayuda de todos, lo que me gustaría que fuese este mes para estos niños, estoy feliz.” Y no les faltan ideas, ni eficacia tampoco, porque nadie diría que este Kindergarden está casi de estreno.

Es difícil imaginar que éste esté siendo el estreno de este subprograma cuando uno ve a cincuenta niños tan bien gestionados por los monitores y divirtiéndose tanto.

UN ESPACIO PARA LOS BEBÉS

El subprograma Kindergarden se desarrolla en tres salas del internado donde residen los adolescentes y los Handicapped. Antes de llegar a ellas hay que subir unas escaleras y atravesar un pasillo exterior que se cierra con una gran valla —para impedir que ningún travieso se vaya a las escaleras—. A un lado del pasillo, junto a la barandilla, una hilera de cubos diminutos de plástico, todos rojos, aguarda no se sabe a qué. Hay que esperar a que el tiempo del desayuno —arroz cocido machacado y pescado seco ahumado que hay que desmenuzar— se acabe para descubrirlo: cuando éste termina, una hilera de niños pone los culetes sobre ellos y esperan pacientemente a que pase algo… ¡son orinales!

“El mayor reto, y lo más gratificante, es conseguir que un bebé deje de llorar, es como un gran triunfo. Si además consigues que se ría, ¡entonces ese día es perfecto!”

“Son muy listos” dice Nana “si les indicas los orinales después de desayunar o comer, van y se sientan” y sonríe mientras les observa ahí sentados, en el trono de la paciencia. “Algunos, los más mayores, incluso se sientan en medio de una actividad, ¡aprenden muy rápido!”

Kindergarden cuenta con ocho monitores camboyanos y siete europeos que libremente han elegido venir a este subprograma: sólo Teenagers, Handicapped y Kindergarden dan esa posibilidad, para el resto de subprogramas los monitores son directamente asignados según su perfil. El número de niños es variable: la primera semana se cuidó de unos cincuenta niños, y esta semana, la tercera, el número de niños está en torno a treinta y cinco.

Los monitores del kinder vienen a este subprogram por elección propia, antes de la asignación de los campamentosSon personas a las que les gusta cuidar de los más pequeños y estar pendientes de la atención extra que necesitan.

APRENDER ANDANDO

Los baños es una de las cosas que ha habido que organizar pensando especialmente en ellos. Aquí, en Kindergarden para los baños —siempre después de la siesta—, se preparan dos barreños grandes con agua y en grupos de seis se les va bañando. Algunos lloran.  “El mayor reto, y lo más gratificante,” dice Sara, una monitora, “es conseguir que un bebé deje de llorar, es como un gran triunfo. Si además consigues que se ría, ¡entonces ese día es perfecto!”

“Me gusta verles dormir, porque significa que han aprovechado el día y que, además, en ese preciso instante, están descansando.”

Esta niña ya ha comido y está preparada para la siesta. Muchos de los niños no pueden dormir todo lo que necesitan en casa, por lo que los monitores se aseguran de que aquí descansen.

“Otra cosa que hemos aprendido” dice Nana, “es que no podemos planificar muchas actividades ni dividir a los niños en grupos para hacer diferentes juegos, es inviable trabajar con ellos de esa forma, por eso, hemos organizado para cada día de la semana una sola temática, en la que todos participan.”

Los lunes y los jueves son los días para las manualidades, en las que los niños, sobre todo, pintan —ellos han decorado con sus manos coloreadas la gran valla de madera que se utiliza para bloquear la salida del final del pasillo—, juegan con plastilinas o adornan una gran piñata, que servirá para hacerles felices los viernes —son los únicos niños, junto con los Pensionnaires y Handicapped, que no tienen Olimpiadas— cuando la rompan y descubran todas las sorpresas que lleva dentro. Los miércoles es el día más variable, en el que cabe hacer cosas diferentes: el miércoles pasado, por ejemplo, los monitores eligieron la música como temática y trajeron una guitarra y maracas y estuvieron cantando y tocando los instrumentos con los niños. Y, hoy, que es martes, tocaba piscina.

“…¿qué he hecho hoy?… ah, si, hoy he jugado en la piscina, fue genial!”

“Éste es un subprograma sencillo, es el único en el que no hay que saber camboyano para entender a los niños.”

LA FIESTA DE LA ALEGRÍA

La piscina es otra de las novedades de este Kindergarden que se estrena. Este año, se ha comprado una enorme bañera hinchable que se llena de agua hasta la mitad con una gran manguera y de la que los niños entran y salen muy fácilmente y con total libertad. No hay palabras para describir el momento del baño: la piscina es una fiesta, la fiesta de la alegría. Habría que poner canciones, canciones muy alegres, para ayudar a entender este tiempo lleno de magia, y llenarlo todo de agua —la piscina, el aire, las caras, la ropa— porque la manguera se usa para llenar el aire de risa y mojar a todo el mundo sin excepción, niños y monitores. El día del baño es un gran día. Después, cuando llega la siesta, los niños se duermen enseguida —“caen como moscas” ha dicho un monitor—. “Me gusta verles dormir, porque significa que han aprovechado el día y que, además, en ese preciso instante, están descansando” dice Nana.

La piscina es una fiesta, la fiesta de la alegría. A algunos niños les encanta tirarse al agua, botar en el borde hinchable y volver a caer en el agua.

Para alguien que no trabaja en una guardería resulta un misterio comprender cómo apañárselas para entender a tantos bebotes. Pero en opinión de los monitores no es complicado. “En seguida sabes si están malitos, o qué están pidiendo, o si tienen sueño. En realidad,” dicen entre risas “es un subprograma sencillo, es el único en el que no hay que saber camboyano para entender a los niños”.

¿Alguien que me quiera empujar?…En seguida uno adivina qué quieren los niños.

DONDE NACE LA TERNURA

Kindergarden es el lugar donde nace la ternura. No hay apenas palabras, porque sus niños apenas saben hablar. No hay increíbles actividades, porque aún es pronto para enseñarles a participar en grandes retos. Casi podría parecer que no hay apenas nada, salvo un alboroto de mocos, llantos y risas, de pequeñas hormigas que se mueven sin parar. Y, sin embargo. Todo está lleno de ternura. Hay ternura en la forma que tienen de mirar. Y de llorar. Y de reír. Y de darte la mano. Y de poner los culetes en los orinales. Y de dormir. Y de acurrucarse en el regazo. Y en cómo te miran mientras les ayudas a comer. Sí: Kindergarden es el lugar donde nace la ternura.

El lugar donde nace la  ternura