SMILE VILLAGE

Cuando se entra en la aldea de Smile Village, a primera vista, se ven edificios humildes, pero recientes, construidos con hormigón y pintados de colores. Nada comparable a algunos barrios de Phnom Penh donde las personas viven en chavolas hechas con palos de madera que sostienen planchas de metal u otros materiales que proceden del vertedero.

Después, se empieza a caminar por sus senderos de tierra, con, a veces, escombros de hormigón o de ladrillo para tapar agujeros. Cualquiera se podría hacer daño aquí fácilmente, porque casi todo el mundo lleva chanclas. En una esquina de un sendero hay un tablero. Sobre él una foto de hombres maltratando a una mujer. Otro tablero al lado presenta a un hombre encarcelado. Debajo, algo está escrito en Khmer. “Significa que la violencia está prohibida y que aquellos que la practiquen serán perseguidos,” dice Sopheak, que vive cerca, “tienen problemas con la violencia porque la gente siente que no pertenece a este lugar” explica.

En las calles de la aldea, hay carteles con mensajes que previenen de la violencia.

De acuerdo con la base de datos de PSE, cerca de 312 familias del suroeste de Phnom Pehn, han sido expulsadas de sus casas y se han convertido en personas sin hogar. STEP (Solutions To End Poverty, Soluciones Para Acabar con la Pobreza, una ONG de Singapur) y PSE lanzaron conjuntamente un proyecto enmarcado en el programa de arquitectura de la NUS (National University of Singapore), —el proyecto Smile Village NUS—, cuya finalidad era construir viviendas para las noventa familias más pobres de las aldeas de esa zona. Los equipos sociales visitaron diferentes aldeas y ofrecieron a los más necesitados una vivienda nueva. Resulta increíble, ver esta aldea con sus casas recién construidas y pensar en sus habitantes que vivían antes en chavolas cubiertas por tablones que no les protegían de nada. El proyecto es impresionante. Los habitantes de esta aldea ahora tienen unas casas humildes pero dignas y comparten parques, una escuela, una gran cocina y una cantina.

En el centro de la aldea hay una escuela, con un patio y una cantina.

“Tienen problemas con la violencia porque la gente siente que no pertenece a este lugar”

“Sin embargo”, dice Sopheak, “a algunas personas les cuesta adaptarse a la nueva comunidad; se han producido tensiones entre los habitantes y la violencia estalla cada día.” Ese es el motivo por el que es muy importante mantener abierto en Centro de Servicios Comunitarios (CSC) de Smile Village: para proteger a los niños de este entorno, lleno de amenazas.

Dos especialidades camboyanas: Los kramas y las sonrisas.

LA LLEGADA AL CENTRO PSE DE SMILE VILLAGE

Los habitantes comparten parques, una escuela, una gran cocina y una cantina.

A medida que el camión se acerca al centro PSE, los niños corren y saltan a la parte trasera riéndose y gritando «Hello! Hello!». Les encanta demostrar a los monitores que saben algo de inglés. Es su manera de decirles que son más que bienvenidos aquí, ¡que les están esperando!

“No hay vallas que protejan el centro,” dice Jaime “eso hace difícil tener siempre a la vista a todos los niños. A veces, durante una hora, se van del centro, van a casa y luego vuelven”. PSE utiliza las instalaciones de la escuela de la aldea, en el centro de la localidad, rodeada de casas, como CSC.

EMPEZANDO EL DÍA

A diferencia de otros subprogramas, como Phum Russei, aquí, los niños desayunan nada más llegar, antes de ducharse y lavarse los dientes. Después, el primero que acaba se sienta en fila en la entrada principal de la escuela para ver una película de dibujos animados mientras espera al resto. Esta mañana han visto el Rey León, que recuerda a algunos monitores — ¡y coordinadores! — su propia infancia.

El equipo de Dental enseña a los niños a lavarse los dientes. Muchos de ellos tienen los dientes muy mal porque comen comidas baratas y en cambio muchas chucherías muy dulces y no se lavan los dientes.

Después, cuando la película termina, Henf Virakyuth, de doce años, canta canciones —no canciones populares de Camboya, sino canciones modernas, como “Enamorado de tu figura”— delante de todos los demás, que le felicitan entre gritos. Da igual que tanto el monitor como los niños hayan escuchado, durante el programa, miles de veces, a Henf cantar: todo es alegría entre los niños, ¡canta genial!

Henf Virakyuth, de doce años, canta “Enamorado de tu figura” delante de los demás niños.

Algo más tarde, después de la ceremonia de la bandera, las actividades empiezan.

Cada mañana en Camboya, se realiza la ceremonia de la bandera. Los niños se ponen de pie y cantan el himno nacional

La aldea tiene montones de escombros por todas partes que pueden producir heridas. Una de las responsabilidades de los monitores, cuando el equipo médico no está allí, es cuidar de los niños enfermos o heridos y darles primeros auxilios. Han sido entrenados antes del inicio del Programa para ello. Cuando el tratamiento requiere un doctor, Jaime, el coordinador de Smile Village contacta con él para solicitar su asistencia.

Jaime cambia a Kne, de catorce años, el vendaje

SOBRE EL SUBPROGRAMA DE SMILE VILLAGE

A Smile Village acuden cada día cerca de ciento cuarenta niños, de entre uno y quince años, que están todo el día en el centro, por lo que sólo hay un turno de niños aquí. Diez monitores europeos y nueve camboyanos juegan diariamente con ellos, les curan las heridas, les vigilan para que no les pase nada malo y les intentan inculcar un poco de disciplina: «Cho chua! Cho chua!» (en filas, en filas). Leang Pissey y Jaime son los coordinadores (camboyano y europeo respectivamente) de este subprograma.

Betty juega a piedra-papel-tijera con los niños, una de sus actividades favoritas. Los niños saben muchos juegos en los que sólo hacen falta las manos para jugar

Los monitores siempre tienen imaginación a la hora de preparar las actividades “Es fantástico y alentador ver que aquí los niños están rodeados de violencia y aun así sonríen cada día y se divierten jugando.” dice Jaime “Eso es lo que hace que Smile Village sea un lugar especial para mí”.

Dos niñas escondidas durante el juego del gato y el ratón.

Los martes, los monitores eligen las actividades de la siguiente semana y Jaime prepara el programa para los monitores y los niños, que requiere que los niños vayan pasando de una actividad a otra a lo largo del día, son “las rotas” — o programa para la rotación de las actividades—, como les llaman en algunos centros.

Un grupo juega a un juego en el que hay que soplar sobre una pelota que flota sobre un vaso de agua, para que pase a otro vaso. Si la pelota se cae, el niño pierde.

Todos los monitores pasan también por el Service team — dos personas en cada turno, una francesa y otra española, dos días a la semana cada turno, durante los cuáles no juegan con los niños, sino que preparan las comidas y limpian el centro—. También va rotando el equipo encargado de la supervisión de la siesta y el equipo que ayuda en las duchas, —dos días también en cada una de estas tareas—.

Los kramas son útiles para la mayoría de las actividades. Estos niños tienen que tirar una lata con los ojos cerrados.