SEN SOK: UN LUGAR DONDE SOÑAR HISTORIAS

Sen Sok respira algo muy especial a nada que uno cruza su entrada coloreada por columpios gigantes: el amor por la lectura. Lo dice una pequeña biblioteca repleta de cuentos de niños que aguarda tras los columpios. Y sus niños, que entran y salen de ella y desaparecen entre las páginas de los cuentos. El centro PSE de Sen Sok es una guardería. Pobre, como toda la aldea, pero llena de pequeños tesoros que ayudan a los niños a crecer soñando historias.

EN UNA GUARDERÍA

En una pequeña guardería en el centro de Sen Sok: ahí está localizado otro de los subprogramas del Programa de Continuidad Escolar. En medio de una aldea también pequeña, de casas y locales muy pobres, basuras acumuladas en cualquier parte, y vacas y cabras que se mueven libremente por todas partes, los columpios de la guardería, justo a la entrada, desconciertan a cualquiera y llenan de color y alegría este paisaje.

Sen Sok es una aldea pequeña, con tan solo una carretera con casas humildes a ambos lados y unas cuantas calles secundarias.

La guardería donde se desarrolla este subprograma pertenece a PSE y es gestionada durante el curso escolar por personal de la ONG. Cuando llega el verano, los monitores recogen el testigo a los profesores y siguen cuidando de los niños que van durante el curso, además de a otros niños que también quieran acudir.

Los columpios a la entrada de la guardería llenan el aire de color

Desarrollar aquí uno de los subprogramas, en una guardería, confiere a este centro un carácter singular con respecto a otros subprogramas, porque crea un marco único y diferente de trabajo. Los columpios lo avisan antes incluso de entrar en ella. También lo dicen los botes de cristal rellenos de tierra y plantas diminutas enganchados a la reja de la entrada: que éste es un lugar alegre y cuidado, un lugar por y para los niños.

La pequeña biblioteca de Sen Sok, ofrece a los niños algo completamente único que otros centros no tienen: la posibilidad de soñar historias y de imaginar otros mundos, de crecer leyendo.

LA BIBILOTECA DE SEN SOK

Que éste es un lugar para los niños lo dicen también los murales que adornan las paredes de la nave con techo de planchas onduladas de metal donde ellos pasan una gran parte del día. Y hasta el caballito de mar pintado en la pared que separa los baños.

La guardería es humilde, pero ¡está llena de color!

Y, sobre todo, lo grita la pequeña sala, llena de cuentos revueltos por los estantes, que hay junto a la nave principal. Está repleta de cuentos infantiles, de esos cuentos finos que volverían loco a cualquier niño, llenos de dibujos de princesas camboyanas e historias mágicas escritas en camboyano y en inglés. ¡En Sen Sok hay una pequeña biblioteca!

Leer permite a los niños abrir su mente a nuevos universos, estimula su imaginación y les hace más comprensivos.

Cuando se compara este centro con otros, es inevitable no detener la mirada en esta pequeña sala, con sus grandes puertas amarillas siempre abiertas, porque ofrece a los niños algo completamente único que otros centros no tienen: la posibilidad de soñar historias y de imaginar otros mundos, de crecer leyendo.

“El que más les gusta” dice Alex, un monitor “es éste”. Y rebusca en el montón, el cuento de la doncella Neang Sros que surgió —por arte de magia— de la grasa de una vaca que sacrificó un príncipe malo. “¡Es incomprensible!” dice riéndose. Es la cultura camboyana, tan diferente de la europea, viva también en sus cuentos.

Los niños entran en la librería siempre que quieren.

” Me gustas, te quiero”

Aun así, el pequeño tesoro que es esta biblioteca no serviría de mucho si a la posibilidad de leer no se uniese el amor por la lectura. Y en Sen Sok lo hay. En Sen Sok siempre hay niños en esta pequeña sala, sentados en cualquier parte, o tumbados entre dos sillas, o en el suelo, solos o en grupos, siempre metiendo la cabeza entre los cuentos. Lo hacen por gusto, por placer. Es maravilloso verles.

Luego, por la tarde, un monitor jemer les leerá un cuento y otro lo representará con mímica. “Los niños flipan con los cuenta cuentos” dicen los monitores riendo.

LOS NIÑOS DE SEN SOK

Y es que, los niños que acuden a Sen Sok, son, sobre todo, los niños de la propia guardería, unos ciento cincuenta niños —al medio día, unos veinte se irán a sus casas y llegarán, a cambio, cerca de cuarenta más— en su mayoría pequeños. Tienen unos cinco años de media, aunque haya niños desde tres años, o incluso más chicos, como Pantia, de diez meses, que desayuna su biberón junto a su hermana Nhanh, de trece, que cuida de él todo el día.

Pantia, de diez meses de edad , con su hermana.

El hecho de que los niños vengan a este centro durante el año forma parte también del espíritu especial que se respira en Sen Sok: además de su amor por los cuentos, son niños más fáciles de organizar que los niños de otros centros de PSE, están acostumbrados a la vida de la guardería, al orden y las actividades en grupo. “Son muy educados y disfrutones” dice Paula, la coordinadora de Sen Sok, “¡son una pasada!”

¡Algunos niños ayudan a los monitores a servir la comida!

Paula habla de cada niño con pasión. De Srey Meab, una niña sordomuda que lleva cuatro años yendo a la guardería y que una vez escribió a Paula: “Me gustas, te quiero”

Meab es una niña sordo-muda que ha aprendido a escribir

También habla de Mana, de tres años, que vive con su abuela porque un día su madre se fue y su padre se volvió a casar y ya no la quiere con él, y así, de cada niño que pasa por su lado y la abraza.

Mana es una niña a la que sus padres no han querido cuidar. Mana vive con su abuela.

“¡El problema es sacarles! ¡Son capaces de tirarse cien veces y seguir!”

QUÉ HACEMOS

En todo caso, el hecho de que sean pequeños complica un poco la organización del día a día en Sen Sok, cuenta Paula, porque algunos niños, los más chicos, no hacen caso y porque es difícil hacerles entender la dinámica de los juegos a veces.

Hoy, un grupo ha hecho flores con cartulinas. Después han pintado las flores y todo lo demás….

Aquí, hay nueve monitores europeos y siete jemeres, además de tres profesores de la guardería que de forma altruista siguen cuidando a los niños durante el verano, lo que supone una ayuda valiosísima para todos. La vida se organiza a partir de los seis grupos de niños, por edades, que se forman nada más empezar el programa y se mantienen fijos durante todo el mes.

Cada día los niños empiezan el día cantando y bailando. ¡Se lo pasan bomba bailando!

Por su parte, las actividades de cada semana pivotan sobre un tema central. Esta semana el tema es el mar. Hoy que es lunes, ya está en marcha un gran mural que quiere ser el mar, donde los niños colorearán y pegarán todo tipo de habitantes marinos.

Para poder pintar en el mural, Clara y Miguel han dicho a los niños… ¡que primero tenían que pintarse la cara!

Y un bingo, que en lugar de números funcionará a base de estrellas, pulpos, peces y buzos, está esperando, hasta mañana, en el cuartito donde está todo lo importante.

¡El mural sobre el mar ha sido un éxito!

DUCHARSE HASTA CIEN VECES

En Sen Sok, los columpios, gigantes en comparación con el resto de las instalaciones, se han comido casi todo el espacio al aire libre. Y aunque este año se ha conseguido permiso para utilizar el terreno que hay junto a la guardería, las duchas siguen siendo un reto, por la falta de espacio, al que se le ha dado la mejor de las soluciones: aquí, a medio día —las duchas son a las 12:00 porque el montaje de la ducha es muy laborioso y se baña a los niños de los dos turnos en una sola vez— los monitores levantan de la nada, con unas lonas de plástico de colores, un pequeño espacio cerrado en torno al tobogán y colocan barreños llenos de agua a los pies del mismo. Lo demás… ¡es fácil de imaginar! Los niños se tiran por el tobogán y acaban, divertidísimos, en los barreños de agua. “¡El problema es sacarles!” dice un monitor “¡Son capaces de tirarse cien veces por el tobogán y seguir!”

Todos los días los niños y las niñas se bañan por separado.

SEN SOK 

Cuando uno se va de la guardería de Sen Sok, sabe que ha descubierto un pequeño paraíso dentro de una aldea muy pobre. Un diminuto lugar, pobre también, construido con chapas de metal, caluroso y con todo un poco apretado, donde sin embargo reina el color de los columpios y la magia de los cuentos. Un pequeño lugar donde los niños sueñan historias y se ríen a carcajadas.

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