TEENAGERS: LA VOZ DE CAMBOYA

Teenagers es el subprograma de PSE dedicado a los niños entre catorce y diecisiete años, es decir, los más mayores del Programa de Continuidad Escolar. Ésta es la última oportunidad de PSE de transmitir a los niños fe en sí mismos y grandes valores y de orientarles hacía el único camino viable: el del trabajo y el esfuerzo, como únicas armas para combatir los males que les amenazan.

CREO EN TI

“Hay que tener fe en ellos”. Así habla Iñaki, el coordinador —junto con Peter—, del subprograma de Teenagers, es decir de los chicos y chicas del Programa de Continuidad Escolar que tienen entre 14 y 17 años, los más mayores.

“Están en un punto de no retorno”

“Hay que tener fe en ellos”, suelta Iñaki a bocajarro. Sí. Mucha fe. Porque se les acaba la infancia y tienen que decidir qué quieren hacer con su vida de adultos. Y su decisión es realmente complicada en esta sociedad camboyana, donde las desigualdades sociales son gigantes y las posibilidades de salir de la pobreza muy pequeñas. “Aquí la miseria es muy miseria” ha dicho alguien. Además, el dinero fácil, o la cotidianeidad de otros problemas, llaman permanentemente a la puerta de cada uno de ellos. Algunos ya han tenido contacto con estas realidades. Algunos, de hecho, están en contacto. La vida en este punto, a esta edad, es como un cruce de caminos, y más aquí, en Camboya. “Un punto de no retorno”, dice Iñaki. El grupo de Teenagers está formado por más de trescientos chicos y chicas. De ellos, unos doscientos son estudiantes de PSE; para el resto, cien adolescentes, la batalla que tienen que librar frente a cualquiera de estos peligros es totalmente desigual.

Ceremonia de la bandera. Más de trecientos adolescentes están acudiendo este año al Programa de Continuidad Escolar. Ésta puede ser la última oportunidad de decirles que pueden alcanzar sus sueños.

“Quieren aparentar que se comen el mundo, pero es solo fachada, siguen siendo niños, necesitados de cariño y apoyo”

A la mayoría de los chicos y chicas que vienen a Teenagers les cuesta reconocer que quieren estar aquí, pero, el hecho cierto es que están. Y que se arreglan y se ponen su mejor ropa cada vez que vienen. Probablemente, aquí, hay mucho espíritu adolescente, pero ¡de eso precisamente se trata!

Adolescencia: Esa edad en la que cuesta tanto sonreír. Esa etapa en la que los niños no saben qué sentir ni quienes  quieren ser.

Y que estén, sólo puede significar una cosa: que algo está funcionando bien, muy bien. No es extraño: el subprograma de los Teenagers tiene una agenda pensada exclusivamente para ellos. El reto: Mantenerles, más que nunca, apartados de la calle, y hacerles sentir escuchados y queridos —a cada uno de ellos—, y aprovechar este tiempo extra, un auténtico regalo, para transmitirles valores esenciales. Y fe en sí mismos. Fe. Y también ayudarles, ayudarles todo lo posible, a elegir un futuro del que se puedan sentir orgullosos y que les haga felices.

Los teenagers necesitan que tiremos entre todos de la cuerda

Teenagers es un grupo diferente a todos los demás. Para empezar, porque aquí no es tan clara la percepción de la autoridad que otorga la edad, como sucede con los más pequeños. Aquí, hay que ganarse su respeto, su confianza y su cariño día a día. A cambio, dicen todos los monitores que trabajan con ellos, cuando te los ganas, te conviertes en su ídolo. Quieren aparentar que se comen el mundo, pero es solo fachada, dicen, siguen siendo niños, necesitados de cariño y apoyo. Cuando les das eso, cuando ellos descubren que eres su amigo, te los has ganado para siempre: una puerta abierta a los mensajes buenos.

Carreras espartanas en las Olimpiadas de los viernes. Los teenagers aparentan estar por encima de todo, pero es solo una fachada, siguen siendo niños que necesitan cariño y ayuda.

CREO EN TI. UNA Y MIL VECES

En Teenagers sólo hay un turno, lo que facilita la organización. Por lo demás, gestionar este subprograma supone un trabajo inmenso —aquí se necesitan doce monitores europeos y dieciséis jemeres—, porque los chicos salen dos veces a la semana de las instalaciones de PSE para realizar actividades culturales —como las visitas a la Isla de la Seda, Oudong o los Killing Fields, que les ayudan a conocer la historia y la realidad de su país—, o de ocio —como la salida al cine o a la piscina olímpica, cuyo fin es hacerles lo más atractiva posible la agenda y enseñarles a nadar—. Organizar la salida, dos veces por semana, de más de trescientas personas, es, sin lugar a dudas, un esfuerzo tremendo.

“Camboya necesita sus voces. Y su energía. Y su ilusión”

Además, los lunes realizan actividades en PSE, aunque muy diferentes de las de los más pequeños: aquí, todas las actividades están dirigidas a fomentar el deporte o son educativas, como informática, biblioteca o talleres de cocina.

En todo caso, la mejor oportunidad que tiene PSE para orientarles es a través de los talleres de los miércoles, que quieren ser un dialogo abierto donde ellos puedan plantear sus dudas y donde se puedan debatir temas cruciales para su futuro: Sostenibilidad y cuidado del medio ambiente, Salud e higiene, donde se abordan muchos temas importantes como las drogas, el alcohol o el sexo, y, por último: proyectos de futuro.

Las sesiones de los miércoles: Un diálogo abierto donde los teenagers pueden plantear sus dudas y donde debatir temas esenciales para su futuro.

CREO EN TI. HASTA QUE TÚ CREAS EN TI.

Trabajo digno, igualdad social y de género, mi familia, yo, qué quiero ser, qué sueño, qué quiero para mi país, dónde me quiero ver mañana: Proyectos de futuro es un dialogo para soñar y después poner los pies en la tierra y al final poner nombre a los sueños y pintar caminos que lleven a ellos. Proyectos de futuro es una propuesta a los adolescentes para que descubran sus propias voces, para que descubran que tienen voces para querer, para opinar, para expresar sus sueños de un futuro mejor para ellos y su país, y sentirse responsables de esos sueños y trabajar por ellos. Ellos son la voz de Camboya. Su futuro. Su proyecto. Y es crucial que lo sepan, Que lo sientan así. Camboya necesita sus voces. Y su energía. Y su ilusión.

Los adolescentes deben descubrir que tiene voz para querer, para expresar su opinión, para gritar sus sueños de un futuro mejor para ellos y para su país.

“Algunos han dicho que duermen más de cinco o seis horas al día y los demás se han reído, no lo han creído: Dormir en Camboya es un lujo que no todos se pueden permitir”

Y aún nos faltan los viernes. Hoy. Los viernes es día de Olimpiadas, un grandísimo evento que se celebra en todos los centros. También en Teenagers. Aquí, se forman ocho equipos, cada uno de unos cuarenta chicos y se organizan cuatro actividades para que los grupos vayan enfrentándose en cada una de ellas, rotando; el ganador será el equipo que venza en más competiciones. Hoy las risas y los gritos se han ido multiplicado en cada actividad. Son increíblemente competitivos, y se han tenido que repetir pruebas incluso varias veces cuando algún equipo no aceptaba su derrota y protestaba. En cada repetición los gritos y las risas crecían y crecían. ¡Sin duda los viernes es un gran día!

Olimpiadas de los viernes. Los teenagers deben correr y pasar algunas pruebas sin tirar el agua. Son tan competitivos que a veces obligan al otro equipo a repetir las pruebas , ¡pero solo en caso de haber perdido!

“El programa de continuidad, es muy importante, porque hay muchos niños que solo tienen la oportunidad de olvidarse de sus problemas familiares, y eliminar el estrés en el que viven, durante un mes del año, un solo mes”

Además, los viernes, en Teenagers, después de las Olimpiadas, hay una reunión importante, de feedback, dicen los monitores, porque el objetivo es que los chicos y chicas compartan su experiencia de la semana y planteen todas las cuestiones que quieran. Es un gran objetivo para una reunión. Hoy varios chicos han transmitido a los monitores su agradecimiento por la labor realizada. También han pedido que les den libertad para ducharse o no, una lucha diaria. También se ha hablado de la siesta, porque fuera de todo pronóstico, duermen cerca de hora y media a mediodía en PSE. Cuando el monitor jemer les ha preguntado cuánto dormían por la noche la mayoría han dicho cinco o seis horas. Algunos han dicho más y los demás se han reído, no lo han creído: dormir en Camboya es un lujo que no todos se pueden permitir.

Los viernes hay una reunión de feedback. El objetivo es permitirles expresarse, contar que opinan de la semana y proponer mejoras.

TÚ: CREYENDO EN TI

Vannak Maiya, de dieciséis años, es este año, por primera vez, monitora camboyana de Teenagers. Maiya conoció PSE a través del Programa de Continuidad Escolar en el centro PSE de Phum Russei, muy cerca de su casa. “El primer día me aburrí” dice “pero en seguida descubrí que ir allí cada mañana era muy divertido. Era un lugar donde el estrés desaparecía, los problemas de casa se olvidaban y te sentías feliz”. Aquel mismo año, la admitieron como estudiante de PSE. Hace nueve años de ese verano, pero Maiya dice que, desde entonces, no ha faltado ni un solo día al colegio, ni tampoco al Programa de Continuidad Escolar —ha asistido a los subprogramas de PSE de Phum Russei, Prek Toal, Central y Teenagers—. “Siempre he sido respetuosa con los monitores y con las normas tanto del colegio como del Programa de Continuidad Escolar” dice orgullosa “Nunca he faltado. Porque he sido feliz cada uno de esos días”.

“A los adolescentes que no estudian en PSE los primeros días les parecen aburridos, dicen que están cansados y que además aquí no pueden comprar nada con su dinero. Pero cuando llega la segunda semana todos quieren venir. Preguntan, incluso, si podrán repetir al año que viene.” 

“He pensado muchas veces en los monitores”, continúa “porque no entendía por qué empleaban su tiempo viniendo aquí a cuidar de los niños. Podían viajar, podían hacer miles de cosas durante sus vacaciones y, sin embargo, venían aquí, venían una y otra vez. Tampoco entendía por qué venían ellos, por qué esta labor no la realizábamos nosotros, los camboyanos, cuando los niños, yo, éramos camboyanos”.

El año pasado Maiya fue monitora de PSE en Central. “El Programa de Continuidad Escolar, es muy importante” dice “porque hay muchos niños que solo tienen la oportunidad de olvidarse de sus problemas familiares, y eliminar el estrés en el que viven, durante un mes del año, un solo mes. Me apunté como monitora, porque era la única forma que tenía de ayudar a otros niños como yo, de hacerles reír, igual que lo habían hecho otros monitores antes conmigo”. Maiya carraspea de vez en cuando, es tímida, pero habla con muchas ganas, consciente de que quiere contarlas, “Soy pobre” dice “lo único que puedo dar es mi tiempo y he descubierto, que mientras haces felices a los demás niños también te haces feliz a ti misma”

Al final de la semana, los monitores y los teenagers se sienten parte del mismo gran equipo.

Maiya dice que ser monitora de Central es muy diferente de ser monitora de Teenagers. Dice que los niños de Central son pequeños y que cuesta controlarles y que por ese motivo hay que tener mucho orden para gestionar a los grupos. “Gestionar a los adolescentes es más fácil” dice “porque siguen las instrucciones de las actividades mucho mejor. Aun así, a veces se hace más complicado” matiza “porque vienen sin dormir o han bebido.”

Ella opina que la diferencia entre los adolescentes que son estudiantes de PSE y los que no, se nota sobre todo durante la primera semana. “A los adolescentes que no estudian en PSE los primeros días les parecen aburridos” como le pasó a ella la primera vez, añade sonriendo “dicen que están cansados y que además aquí no pueden comprar nada con su dinero. Pero cuando llega la segunda semana ya no hay diferencia entre los estudiantes de PSE y los que no lo son. Todos quieren venir. Preguntan, incluso, si podrán repetir al año que viene.”

Cuando termina de hablar, Maiya sonríe. Ya está dicho lo que quería decir. Mucho.

Hoy, Chhum Boram y Chhoy Skoly, dos adolescentes del subprograma de Teenagers, dos chicos que no son estudiantes de PSE han solicitado a los Servicios Sociales de PSE que les admitan como estudiantes PSE.

A partir de aquí: Sobran las palabras.