PHUM RUSSEI

Son las seis y veinte de la mañana. Ya se oyen las canciones de los monitores esperando la llegada de los niños de Central. Nueve monitores corren alrededor de la camioneta llevando dos cazuelas enormes de comida. Cinco minutos después, la camioneta cruza los portones de PSE, acompañados por las canciones y aplausos de los otros monitores. Se dirigen al CSC de Phum Russei. El recorrido no es largo, solo lleva unos 15 minutos.

“Hoy vendrán cincuenta niños más de los esperados” ha dicho Luis, el coordinador de este centro. Es una persona tranquila, segura. “Lo más importante es la comida. Lo demás puede resultar un poco lioso, ¡pero será divertido y eso es lo que importa!”. Luis está esperando unos ciento ochenta niños, la mayoría por debajo de los doce años. Casi todos viven con sus padres en la comunidad cercana de Phum Russei.

“Puede resultar un poco lioso, pero será divertido y ¡eso es lo que importa!”

Este centro es más bien pequeño, pero muy acogedor, con sus paredes y columnas pintadas de azul, verde, amarillo y rojo. ¡Es perfecto para los niños!

Este subprograma de PSE es más bien reducido, con una entrada algo desordenada, tres aulas, las duchas y un patio. Las paredes y las columnas de los patios, cuyos niños adoran escalar, están pintadas de azul, verde, amarillo y rojo, lo que crea una atmosfera fantástica que en seguida llevaría a cualquier persona a su infancia.

A los niños les encanta trepar por las columnas de este centro, quien sabe si para demostrar a todos los demás su fuerza o para conseguir una vista mejor del patio.
Como a muchos otros niños, a Ya, de tres años de edad, le encanta trepar por las columnas, ¡pero también por los brazos de sus monitores!

BIENVENIDOS NIÑOS

¡Una niña salta en los brazos de Lana, tan pronto como ella llega!

A las siete y cuarto, los primeros niños llegan al centro en autobús. Un monitor abre la verja y una multitud se precipita en el patio, gritando y riendo. Los otros monitores dividen a los niños y a las niñas en dos columnas, los llevan a las duchas, les ayudan a lavarse y a cepillarse los dientes e incluso les peinan.

Niños haciendo cola enfrente de las duchas. ¡Una actividad obligatoria y divertida antes del desayuno!

El tiempo es ya caluroso y húmedo y ducharse aquí consiste echarse sobre la cabeza cazos de agua que los niños cogen de una alberca. Para los niños es casi como un juego que, además, les hace sentir frescos y limpios.

¡Tiempo de peinar a Cecilia!
¡Espera! ¡Esta vez hemos traído a nuestro amigo! Frescos y felices.

Una vez limpios, los niños pueden ir al hall, donde tres monitores les sirven el desayuno. El menú consiste en arroz, calabaza y carme. El arroz es el principal componente de la dieta camboyana, lo toman en cada comida, principalmente porque es más barato que otros alimentos.

Frescos y limpios, los niños disfrutan del desayuno. En el basurero, suelen trabajar sin haber desayunado antes.
Hour, de diez años, está desayunando con sus compañeros en la entrada. No hay ni un solo grano de arroz desperdiciado, excepto…uno perdido cerca de su ojo, en el pelo, o en la oreja.

A las ocho y veinte los niños están limpios y saciados. Bueno, realmente no…aún quedan niños por llegar, sesenta más, finalmente. Los niños están jugando cuando los monitores ponen música en el altavoz. Esa es la señal para acabar una actividad o reunión. Se sientan todos en filas —cho chua, es como se dice “en fila” en camboyano—. Es el momento de la subida de la bandera y de explicar lo que se va a hacer durante el día.

¡Cho chua! ¡Cho chua! Los niños se sientan en fila para la ceremonia de la bandera, cantan canciones y esperan a que los monitores les expliquen qué van a hacer.

Los autobuses llegan un poco tarde, y un nuevo desayuno es organizado para los nuevos invitados. Luis ha avisado al servicio de logística de que necesitan más comida y un miembro del equipo ha venido en tuk tuk para traerla.

Un centro lleno de vida y actividades.

ACTIVITIES

Ningún niño se pierde las actividades, especialmente cuando pueden aprovechar para demostrar su fuerza.

Como en Central, hay actividades de exterior e interior. Pero, como aquí son menos niño que en Central no es necesaria una organización tan estricta. Los niños son libres de participar en cualquier actividad y de moverse de una a otra.

Los monitores se adaptan a ellos, dependiendo de la demanda de los niños. Fuera, los niños juegan sobre todo a juegos de agua, saltan a la cuerda, trepan por las columnas y juegan en los columpios. Dentro, tienen muchos libros para leer y pueden también pintar.

Actividades de interior. Los niños encuentran aquí libros educativos para todas las edades.
Estos niños tienen que soplar y empujar esta pelota solo con aire desde un barreño con agua a otro. Si se les cae, pierden.

“No hemos podido seguir el programa al completo” dice Luis riéndose.

Cuanto más, mejor.

A las once de la mañana, la música suena de nuevo y los niños entran en las aulas a meditar. Algunos de ellos se sientan, otros permanecen tumbados, algunos cierran los ojos, mientras que otros prefieren guiñar un ojo a otro en silencio, Durante ese tiempo, los monitores preparan normalmente la comida.

Meditando.
El tiempo de meditación también es un tiempo para descansar y relajarse, en ningún caso significa sentirse solo.

Amir, un monitor español, nos explica que, el primer día los niños fueron muy tímidos. “No nos conocían y los más pequeños lloraban”. Pero hoy están más tranquilos y con ganas de jugar. Ayer, una niña pequeña, de cuatro años, se dio cuenta de que la mayoría de los monitores llevaban reloj, salvo Amir. Ella tampoco tenía. Y pintó dos relojes: uno para Amir y otro para ella.

“Se dio cuenta de que yo no tenía reloj. Ella tampoco tenía. Y pintó dos relojes: uno para Amir y otro para ella.”