LISTOS…

A una semana de empezar el programa, lo más importante es crear un ambiente realmente bueno en PSE en el que las personas se sientan unidas y capaces de trabajar en equipo, apoyándose unos a otros sin perder nunca la sonrisa.

¡BIENVENIDOS!

La primera percepción, según se pisa suelo camboyano después de dieciséis horas de vuelo, son los abrazos y las sonrisas del equipo de Welcome Committee. Al salir de la zona de recogida de las maletas hay un revuelo de camisetas amarillas —el color con el que se identifican los monitores del equipo de bienvenida—abrazando a los voluntarios recién llegados, cerca de cincuenta en este turno de recogida; es toda una explosión de color y alegría en medio de la frialdad de los aeropuertos. Los monitores del equipo de bienvenida abrazan a todos entre sonrisas, como si hubieran estado días aguardando la visita más querida, la de la familia más cercana. Y entre lo amarillo, las listas, las maletas, las voces de todos, solo cabe sentir una alegría inmensa de pisar, por fin, Camboya.

Bea, Marina y Pelayo verificando que todos los monitores de este turno han llegado bien.

Este turno ha llegado de noche y el traslado a PSE es ya un choque para cualquiera que llega Phnom Penh por primera vez: El tráfico es caótico. Apenas hay semáforos y sólo los conductores más atrevidos se atreven a cruzar las calles. Cientos de motos, con uno, dos, tres y hasta cuatro pasajeros —una familia entera cabe en una moto, y la compra del mercado también— invaden todos los carriles, subiéndose a las aceras cuando no hay sitio o yendo incluso en dirección contraria. A ambos lados de cada calle —aquí no hay aceras y las calles están iluminadas sólo por las luces de las casas, los locales y los coches— la gente camina abriéndose paso entre las motos que pasan y los infinitos puestos de comida y fruta o, simplemente, observa a los demás pasar. Muchos miran desde sus casas, similares a locales abiertos, sin puertas, con una hilera de butacas viejas en la misma entrada, junto a las motos aparcadas.

Y a medida que los autobuses se acercan a PSE, la ciudad se vuelve más oscura. Las calles se llenan de socavones que hacen botar todo dentro de los autobuses, se acumula la basura en las calles y en las entradas de los locales las prostitutas esperan. El cartel inmenso de PSE, iluminado, en medio de estas calles mugrientas y sucias, es como un oasis.

Todo resulta un poco confuso la noche de llegada: La ciudad, PSE en medio de la oscuridad de una calle mísera, incluso el hecho de formar parte de un grupo de personas, desconocida entre sí, que hoy mismo deben quedar alojadas, muchas de ellas en habitaciones compartidas. A cambio, se multiplican las camisetas amarillas, todas y cada una, haciendo casi milagrosamente de lo difícil, algo fácil. Y un espíritu único de ayuda y unas ganas increíbles de que PSE funcione como un reloj lo ocupan todo. A muchos se les hace extraño no tener wifi y no poder decir al resto del mundo: ¡Qué bien estar aquí!

DESCUBRIR PSE

Los siguientes días, hasta el martes, son días de centrarse en PSE. No es posible imaginar la envergadura del proyecto de la ONG hasta que no se pisan sus instalaciones, impactantes la primera vez que se ven por sus dimensiones y por su solidez dentro de un barrio donde reina la miseria, como si desde los mismos cimientos PSE quisiera combatirla.

El mapa de la Central PSE en Phnom Penh puede dar una buena idea de las dimensiones de su proyecto.

Además, aún no ha terminado el curso escolar y los patios, las aulas y el comedor están coloreados con el griterío de juegos y risas de niños vestidos de azul y blanco, el uniforme de los alumnos PSE.

Hora de la comida en PSE. Los niños esperan en una cola a que les sirvan: Arroz con verdura y carne o pescado.

Jorge, un monitor veterano, comenta emocionado que ha visto a una niña de su centro del año pasado: “Entonces era sólo una niña del Programa de Continuidad Escolar y hoy lleva el uniforme de PSE”. Y todos los que le escuchan le entienden: cada niño PSE es un niño vestido de azul y blanco que un día salió del vertedero y dejó atrás historias terriblemente duras, un niño que hoy tiene la oportunidad de tener un futuro mejor.

Las clases están a punto de acabar. Cuando terminen el Programa de Continuidad Escolar de PSE cuidara de los niños hasta que el próximo curso empiece.

“No hay nuevos proyectos en PSE. Solo continuar. En Camboya hay aún demasiados niños que viven en la miseria.”

MARIE-FRANCE DES PALLIÈRES

Esta semana en PSE, se celebra la fiesta de fin de curso —las clases acabarán cuando termine julio—, y es ahí, cuando se toma realmente conciencia de la envergadura del proyecto PSE: en el patio principal, cubierto, dos mil niños atienden al escenario. ¡dos mil niños! Alguien habla en camboyano y no es posible entender qué dice. Pero da igual. Toda la atención está concentrada en un espacio enorme, todo él azul y blanco, de estudiantes que un día estuvieron perdidos en los vertederos. Dos mil niños son muchos niños. Cortan la respiración. Y en medio de todos ellos, sentada en una silla, Marie-France des Pallières —cofundadora de PSE—. Y todo se hace respeto y admiración en ese preciso instante.

Dos mil niños PSE equivale a decir muchos niños fuera de los vertederos. Cada uno de ellos es el objetivo de PSE.

En una reunión posterior, Marie-France des Pallières, Mamie, como la llaman en Camboya, ha acompañado a los monitores; alguien le ha preguntado por los nuevos proyectos de PSE. “No hay nuevos proyectos”, ha contestado ella, “Solo continuar. En Camboya hay aún muchos niños que viven en la miseria a los que atender”.

PONER LOS PIES EN LA TIERRA

También en estos primeros días, es importante conocer la historia reciente de Camboya, y tomar contacto con la realidad actual Para ello, además de visitar el Museo del Genocidio Tuol Sleng —que se encuentra en la antigua prisión S-21, donde el régimen de los Jemeres Rojos entre 1975 y 1979 mantuvo encarcelados y torturó a más de doce mil personas, de las cuales sólo siete sobrevivieron—, se visitó la comunidad cuyos niños asisten al Centro de servicios Comunitarios (CSC) en Veal Sbov.

Las casas de las familias que acuden al centro de Veal Sbov se extienden a lo largo de un camino hecho de barro y absoluta miseria. No son casas. Son apenas unas cuantas tablas de madera unidas haciendo de suelo; en las esquinas, cuatro palos y, sobre ellos, una tela vieja haciendo de techo. Y en cada diminuto espacio una familia entera duerme, come, cocina y espera. Aquí viven 57 familias que fueron desalojadas hace poco del lugar donde vivían.

Las familias del CSC de Veal Sbov viven aquí desde que fueron expulsadas de sus casas. Los Servicios Sociales de PSE están negociando con los dueños de las tierras donde vivián antes para que puedan volver a sus casas.

Tun Yoeun, subdirector de los Servicios Sociales de PSE, que acompaña al grupo que ha visitado esta Comunidad y que más tarde, al final de la semana, nos hará una presentación del contenido del trabajo que realiza el equipo PSE de Servicios Sociales, dice que cuando llueve —en Camboya durante la época de lluvias casi siempre llueve torrencialmente— todo se inunda y la vida de estas familias aquí, se hace inviable.

“Se trata de inventar un verano en el que los niños se sientan como niños.”

Niños sucios y desnudos salen al encuentro de los monitores. Muchos niños. Sonriendo, chocando las manos, dejándose abrazar y subir en hombros, saludando. Hay muchos niños esperando a ser cuidados y mimados. Sin querer, algo se rompe dentro. Es la falta de costumbre, tal vez, de ver tanta pobreza. Algo de lo que uno nunca debería quedar inmunizado.

LOS REYES MAGOS TAMBIÉN VAN A CAMBOYA

A partir de aquí: sólo cabe prepararse para el mejor verano del mundo para niños que no solo no tienen nada, sino que, además, y eso es lo más grave, están sometidos a un riesgo elevadísimo de sufrimiento, maltrato y explotación. Se trata de sacarles de la zona de riesgo e inventar un verano en el que los niños se sientan como niños, como dijo Mike, uno de los coordinadores.

Así empieza una semana vertiginosa, con muchísimo trabajo que hacer —de la que sólo el primer día transcurre en Phnom Penh—, donde además de centrarse en PSE los monitores, tienen que entregar los cientos de regalos con los que han viajado desde España, Francia e Inglaterra. “Este año la recaudación de regalos ha batido records”, han dicho Fonsi y Paula, que han coordinado la tarea, invisible, de ordenar y catalogar todos los regalos, junto con su equipo, hasta que llegue el momento de entregarlos.

Este año la organización de los regalos ha sido especialmente laboriosa. Fueron tantos que hubo que habilitar dos habitaciones para recoger los regalos.

SHIANOUKVILLE: UN LUGAR DONDE HACER, DE LOS COMPAÑEROS, LOS MEJORES AMIGOS

El resto de los días de la semana, el equipo completo del Programa de Continuidad Escolar se traslada a Sihanoukville —al sur oeste del país—. El objetivo principal de estos días es conocerse mejor y estrechar la relación con los compañeros, esencial para que todo vaya bien después. Pero, ¿por qué en Sihanoukville? La razón es simple: El centro de PSE en Phnom Penh es muy grande, pero sus instalaciones están básicamente ocupadas por los alumnos y el personal PSE, lo que obliga a buscar alternativas. Y en esa búsqueda, hay un centro de Sihanoukville que cumple todos los requisitos: Es un lugar con espacios muy amplios, agradable y muy barato. Allí, a lo largo de la semana, las doscientas personas que forman parte del Programa de Continuidad Escolar participarán en actividades de Team building —actividades orientadas a crear conciencia de equipo— y juegos que persiguen ese fin: Formar un gran equipo.

Pero, además, antes de viajar a Sihanoukville, ya se han formado en Phnom Penh los diecinueve equipos que se encargarán de cada uno de los centros que componen el Programa de Continuidad Escolar, una tarea realmente difícil porque cada centro exige un perfil de monitores y es importante acertar. Ahora, en Sihanoukville no solo hace falta que todos los monitores se sientan parte de un gran equipo; también hace falta que cada equipo, de cada centro, esté absolutamente unido y compenetrado.

También, mientras se está allí, hay que aprender a diseñar y planificar actividades para el programa, donde todo deberá ser ágil y organizado y los actividades simples e increíblemente divertidas. “Deben ser simples, tener solo tres instrucciones” dicen Mike y Luis, los coordinadores que imparten esta sesión. Luego, van añadiendo otros requisitos —ser fáciles de entender, saber contarlas con el lenguaje corporal, no ser de eliminación, ser por edades y por género, breves, de no más de veinte minutos, sin apenas materiales, adaptables al clima de ese día y al lugar— hasta hacer comprender a los monitores la dificultad y la necesidad de un trabajo previo de preparación: no vale la improvisación. “Parece fácil inventar juegos o actividades”, dice un monitor después de una sesión de preparación de juegos, “pero no lo es”. Y es que construir un verano increíble es un reto también increíble.

Monitores actuando en una obra de teatro que representa la historia de Camboya. Esta actividad permite a los monitores entender la situación actual de Camboya y al mismo tiempo conocerse mejor entre ellos.

Todavía falta por añadir un ingrediente a este reto: el idioma, un abismo a saltar. Los monitores jemeres, que se habrán incorporado ya a los grupos al final de la semana, son pieza fundamental de este engranaje perfecto, pero, aun así, también es necesario aprender un mínimo de palabras camboyanas. Por eso se incluyen en esta semana tan apretada clases aceleradas de jemer, que imparten de la mano de coordinadores camboyanos: Pisey, todo alegría y expresividad, y David, un monitor de mirada y sonrisa tremendamente afables.

Ensayando actividades para los niños: Para preparar actividades es necesario hacerse niño otra vez.

DAVID

David es un niño PSE. Estudió inglés y francés en el tiempo record de un año y trabaja actualmente como profesor de francés. El jueves, después de la formación, Marisa, presidenta de PSE España, invitó a David a compartir con el resto de monitores su experiencia en PSE. Y de pie, delante de doscientas personas, contó a todos que venía del basurero y que un día fue recogido de allí por PSE. Dijo que, aún hoy, cuando recuerda su infancia llora. Y, cuando trató de compartir con todos los monitores su pasado, rompió a llorar. En la sala, todo se hizo un aplauso largo, muy largo, y después un silencio sepulcral de respeto infinito. Hay historias que no necesitan ser contadas. Historias que además justifican cada diminuto y costosísimo esfuerzo en el camino PSE.

David en Sihanoukville. Después de la Formación David permanecerá allí como monitor de ese subprograma, ayudando a otros niños a salir del vertedero.

CALENTADO MOTORES

Al final de la semana, ya sólo queda integrar a los monitores europeos y camboyanos en sus correspondientes equipos. Para cuando llega el sábado, todo está hecho. Incluso las banderas, que representan a cada centro y que ondearán alto cada día de este verano increíble.

El sábado, justo antes del pistoletazo de salida del Programa 2017, entre los monitores jemeres y europeos, hay nervios: es lógico, cerca de 3700 niños están a punto de llegar y todo tiene que funcionar bien. Nervios. Y expectación. Y, sobre todo: ganas. Unas ganas infinitas de hacer de este Programa de Continuidad Escolar el mejor de la historia de PSE: ¡todo un reto por delante!

Ahora sí, ya solo queda decir…

PREPARADOS…
LISTOS…
¡¡¡YA!!!

¡¡¡BIENVENIDOS AL PROGRAMA DE CONTINUIDAD ESCOLAR EN CAMBOYA 2017!!!